Así surgió nuestro sueño

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Duque surge como la antítesis a los acuerdos pactados entre el Estado colombiano y las Farc-ep; algo así como los sectores disidentes más radicales desde la institucionalidad; aquella que quiere reevaluar lo pactado y prácticamente refundar el Estado. Si bien era cierto que con el gobierno de Juan Manuel Santos hubo una gran serie de demoras y dificultades, siempre existió esa disponibilidad para reconocer la importancia del acuerdo; la cual con el nuevo gobierno de Duque se torna oscura y se enfoca en desdecir lo pactado por el Estado para declararse en clara disidencia del mandato constitucional creado por el fastrack.

Con su gobierno han surgido apelaciones y rechazos al acuerdo, y la negación casi total del opositor, como lo pueden demostrar las múltiples dificultades en la implementación que atentan no solo contra la reincorporación sino contra la totalidad del pueblo colombiano.

Tras la firma del acuerdo el 16 de noviembre del año 2016 entre el Estado colombiano y las Farc-ep, surgió un nuevo escenario que implicaba un tránsito a la vida civil de miles de guerrilleros y guerrilleras en una experiencia única no solo por silenciar los fusiles, sino también por lograr una trilogía en la cual las expresiones violentas deben ceder su lugar a una nueva cultura que permita mantener la paz, y a unas nuevas estructuras que superen las causas objetivas que lo originaron.

Nuestra historia no fue diferente respecto de muchas otras, pero sí ha contado con algunas particularidades que la han hecho única, si la contamos desde el 18 de febrero del año 2017 cuando logramos por fin ponernos de acuerdo con el Estado colombiano en la definición del lugar donde empezaríamos nuestro tránsito o proceso de reincorporación:

Un río de carros y motos se unieron a nuestra marcha hacia la dejación de las armas; un río compuesto de cientos de personas que vieron en la firma del acuerdo una oportunidad para recuperar la sonrisa sincera y de esta forma darle rueda suelta a la oportunidad de construirnos en el marco de la fraternidad.

Las ZVTN jugaron su papel en la dejación de las armas, pero no en el restablecimiento pleno de todos los derechos a las personas reincorporadas. Luego vinieron los ETCR donde las capacitaciones llegaron hasta cierto punto y se agudizaron en la medida que se fue extendiendo el tiempo, y se fueron replanteando varios de los aspectos fundamentales de los acuerdos que llegaron a su punto más crítico tras la entrada en vigencia del nuevo gobierno.

Desde los ETCR no caímos en la trampa de llamar a la hecatombe; caímos más bien en el positivo desespero por replantearnos como proyecto político y entender la importancia del método organizativo que se expresa en enseñar, estructurar, concientizar y proponer haciendo. Nuestra táctica casi de forma instintiva fue la de que los hechos son nuestro mejor discurso. Se desbordaron varios ETCR en ideas de innovación para el territorio y en la generación de espacios para catalizar las voluntades, y surgieron decenas de iniciativas construidas con las uñas pero que han logrado un gran impacto a nivel local, regional, nacional e internacional, como ya lo evidencian las miles expresiones de respaldo que a diario encontramos a nuestro paso.

Así surgió nuestro sueño, aquel que se fortalece en la medida que se evidencia la falta voluntad de paz del nuevo gobierno, el mismo que no sabe claramente qué figura será la que deberá tomar para garantizar la reincorporación. Y es allí donde nuestro sueño construido sobre la palabra paz, aquella que se empodera con el triunfo, cobra vigencia afinando nuestra identidad fariana pero nutriéndola con muchos aportes de múltiples sectores.

El ETCR Héctor Ramírez se convirtió en una espacio popular para la construcción de paz, donde miles de personas han dejado sus aportes y donde hoy surgen no solo algunas iniciativas productivas, sino también una nueva apuesta de sociedad basada en el humanismo, aquel que no degrada a nada ni a nadie y por el contrario aprende la importancia de sumar lo que nos engrandece, restar lo que nos opaca, multiplicar nuestra creatividad e innovación y dividir roles, responsabilidades y tareas.

Se trata de un ejercicio instintivo de resistencia desde el cooperativismo con base en el cual hemos hecho frente a la cada vez más evidente falta de voluntad de paz, pues se trata exactamente de falta de voluntad de paz del gobierno de Duque, quien no se da cuenta que la paz es una bola de nieve imparable que se ha echado a rodar desde el momento mismo en que se levantó la primera voz en contra de las injusticias, que en el caso de Colombia logró un buen referente tras la firma del acuerdo final de La Habana.

Son ya cientos los asesinatos que se han dado desde la firma del acuerdo; las amenazas, los desplazamientos y demás. Pareciera un retorno al huevo, un retorno a la seguridad democrática como expresión contemporánea del fascismo; pero ahora existen nuevos componentes que nos permiten resistir con dignidad y que radican en que ya no existen argumentos o pretextos que validen estos crímenes cometidos directa e indirectamente por el nuevo gobierno y sus instituciones.

Hoy el mundo ve quiénes son realmente los bárbaros, aquellos que crearon la campaña del “No a la paz” en el plebiscito, las objeciones a la JEP, la reactivación de las fumigaciones con glifosato, los decretos que incentivan los falsos positivos, el empleo del fracking en Colombia, aquellos que celebran el hundimiento del estatuto anticorrupción y otras tantas barbaridades. Así como observa el mundo que se construye Paz con los remos, con los cultivos, la investigación y la educación, con la propuesta de nuevas relaciones sociales basadas en el humanismo, el deporte, el arte y la cultura.

Foto: Víctor de Currea-Lugo