Avances desestimados

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El primer año del Presidente Iván Duque y la confrontación con el ELN.
Cábalas sobre los próximos tres años

Se cumple el primer año de la administración del Presidente Iván Duque y continúa la confrontación del Estado colombiano con esta organización insurgente que en el mes de julio del año en curso cumplió 55 años de existencia, y todo parece indicar que el Presidente Duque, como los últimos doce presidentes, no logrará la derrota militar de esta guerrilla, lo cual ratifica la tesis de que este tema no tiene salida militar y que el camino de los diálogos y las negociaciones es el indicado para integrar a esta organización rebelde.

Iván Duque como presidente electo dijo que no hablaría con el ELN si esta organización no liberaba las personas secuestradas en su poder, suspendía esta repudiada práctica y cesaba acciones criminales de manera unilateral; afirmación que genera preguntas sobre a qué prácticas hacía referencia, porque el ELN tiene un amplio repertorio de acciones ilegales. Posteriormente reiteró estas mismas exigencias en su discurso de posesión el 7 de agosto de 2018, y agregó que el Comisionado de Paz haría una evaluación del proceso de diálogo, para lo cual se tomaría cien días durante los cuales interpelaría una diversidad de sectores. Pero no adelantó ninguna de las dos cosas.

«De este modo no se vislumbra el retorno a una mesa de diálogo; el Eln insiste en su formato de bilateralidad y el Gobierno del Presidente Iván Duque en el suyo de unilateralidad, en cuanto a las formas de abrir un eventual proceso de diálogos y negociaciones, porque en lo que se refiere al fondo de las estrategias es muy difícil que un gobierno de defensa del statu quo tenga interés en reformas y transformaciones que hacen parte de las aspiraciones del Eln.»

Durante los primeros meses del nuevo gobierno retornó la incertidumbre sobre la continuidad de la mesa existente y el proceso de diálogos y negociaciones que el ELN venía sosteniendo con el Presidente Santos, que tenía como referentes una agenda y una delegación de esta guerrilla que permanecía en Cuba y estaba coordinada por Pablo Beltrán, quien desde el primer momento en que Iván Duque fue elegido como Presidente de la República le manifestó su interés en dar continuidad al proceso de diálogo, y en discutir de manera directa y bilateral lo que el gobierno pusiera sobre la mesa.

Sin embargo, entre agosto y diciembre de 2018 fueron reiterados los pronunciamientos del Presidente Duque y del comisionado Ceballos en el mismo sentido de no hablar mientras aquella no cumpliera con las exigencias mencionadas, en un verdadero mantra que se mantenía como directriz, ante el cual Pablo Beltrán respondía con el suyo sobre agenda abierta y bilateral. Así, los primeros meses de gobierno estuvieron marcados por especulaciones sobre contactos directos entre el Gobierno Duque y el ELN, la posibilidad de trasladar la mesa de conversación en Cuba a España o a Noruega, o la liberación de un grupo de policías y militares que el ELN había capturado al final del gobierno Santos e iniciando el gobierno Duque, la cual se dio con ayuda de la Iglesia Católica, el CICR y la Defensoría del Pueblo.

Para las festividades Navideñas y el inicio del nuevo año, el ELN decretó un cese unilateral que no estuvo exento de dificultades pues denunció que campamentos suyos habían sido bombardeados en la época decembrina. Y así finalizó el año.

El jueves 17 de enero un carro bomba explotó en las instalaciones de la Escuela de Policía General Santander, la entidad de formación más importante de la policía, el cual ocasionó la muerte de veintitrés jóvenes cadetes, muchos con incipiente trayectoria, y un número considerable de heridos. Fue un golpe durísimo en el corazón de la institución de seguridad que produjo un amplio repudio nacional e internacional, y una rápida reacción señalando al ELN como responsable, autoría que éste asumió a los tres días del ataque; y ante el cual el Presidente Duque dio por terminada la expectativa de una eventual mesa con este grupo guerrillero, y exigió a Cuba la entrega de la delegación de éste aduciendo no haber firmado los protocolos de negociación que incluían uno especial sobre posibles rupturas del proceso..

A un año de este nuevo gobierno aquella delegación se mantiene en Cuba porque el Gobierno colombiano no ha respetado dicho protocolo a pesar de la explícita posición de Cuba y Noruega como países garantes sobre la obligación de hacerlo. Por el contrario, el gobierno del Presidente Duque tomó el camino de solicitar a través de trámites oficiales la extradición de los integrantes de la delegación del diálogo del ELN en Cuba.

Así las cosas, un año después del inicio de este gobierno el conflicto continúa, sin diálogos a la vista y con un “pequeño ciclo de crecimiento y expansión” de dicha guerrilla, que ha tenido quizás el semestre de más actividad militar en la última década, especialmente en Arauca y en las regiones donde ha permanecido: Catatumbo, Chocó, sur de Bolívar, Bajo Cauca y Nordeste Antioqueño, Cauca y Nariño.

Tema igualmente relevante en este semestre ha sido el protagonismo que el gobierno le ha atribuido al ELN en la crisis de Venezuela (“de máximo valor estratégico)”, que como bien se sabe ocupa buena parte de las energías de su diplomacia, orientada a contribuir a la salida del Presidente Maduro. Con ello la presencia de aquel en territorio venezolano, siendo real, es utilizada para afianzar el discurso de “colaboración con organización terrorista”, y se lo quiere mostrar como un león siendo que en el marco de la magnitud de la crisis Venezolana no pasa de ser un gato.

Así las cosas no se vislumbra el retorno a una mesa de diálogo; el ELN insiste en su formato de bilateralidad y el Gobierno del Presidente Iván Duque en el suyo de unilateralidad, en cuanto a las formas de abrir un eventual proceso de diálogos y negociaciones, porque en lo que se refiere al fondo de las estrategias es muy difícil que un gobierno de defensa del statu quo tenga interés en reformas y transformaciones que hacen parte de las aspiraciones de aquel grupo guerrillero.

Por ahora solo hay sangre, sudor y lágrimas, el sufrimiento de comunidades, el reforzamiento del discurso, prácticas de “mano dura” y la continuidad de un conflicto que, insisto, no tendrá salida militar porque en esencia es una confrontación que se juega en el terreno del control territorial y la permanencia de fuerzas irregulares que, como el ELN, históricamente no ha podido ser derrotado.

A quienes perseveramos en el camino de los diálogos y las negociaciones, que por ahora no son viables, nos queda la tarea de pensar y trabajar por un proceso exitoso, que en el caso del ELN pasa porque ellos se decidan a trabajar de manera firme y decidida por un proceso viable; porque el gobierno defina una estrategia y una oferta de negociación que tenga las variables de participación y de transformaciones sociales, y una ciudadanía que trabaje por cerrar este largo alzamiento armado, en un momento en el cual nuevamente se reciclan viejas violencias y se entra en un nuevo ciclo de confrontaciones armadas.

Una paz negociada con el ELN continúa siendo el reto, pero se requieren compromisos, políticas y actores diversos que la hagan viable.