No se puede tapar el sol con un dedo

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La negación del conflicto armado: Ausencia de fundamentos y efectos nocivos

Ha resucitado una pregunta que parecía superada: ¿Ha existido conflicto armado en Colombia? La negación del conflicto no internacional en Colombia no tiene asidero ni en los hechos ni en el derecho. Es una posición que carece de fundamento, es nociva para la consecución de una paz firme y, de paso, afecta seriamente a los combatientes, incluso a aquellos miembros de la fuerza pública que cometieron graves crímenes.

El primer ejercicio corresponde a la evaluación de lo acontecido en Colombia a la luz de los estándares internacionales en la materia. Kathleen Lawand, quien fue jefe de la Unidad del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), explica que “un conflicto armado no internacional (o ‘interno’) se refiere a una situación de violencia en la que tienen lugar, en el territorio de un Estado, enfrentamientos armados prolongados entre fuerzas gubernamentales y uno o más grupos armados organizados, o entre grupos de ese tipo”. Y no sobra recordar que al CICR se le ha conferido el papel de autoridad máxima en materia de interpretación del Derecho Internacional Humanitario.

“En Colombia hacen presencia todos los criterios de calificación del conflicto no internacional. Los hechos por sí serían más elocuentes que las palabras. Pero si faltara, Christoph Harnisch, jefe de la delegación del CICR en Colombia, afirmó que el Estado puede usar cualquiera denominación, pero lo que es determinante no es el lenguaje, sino lo que objetivamente reflejan aquellos; y agregó: “La realidad del terreno nos enseña que lo que hemos visto en los últimos años en Colombia es la existencia de conflictos armados no internacionales.”

En el ejercicio de valoración de los hechos ocurridos en un país, imperan dos criterios objetivos: la organización de las part es, y la intensidad de las hostilidades.

En el análisis del primero se suelen examinar, entre otros factores, la cadena de mando, la estructura, la capacidad para reclutar y entrenar personal, la existencia y la capacidad de sostener operaciones militares de cierta duración. Para la intensidad se tienen en cuenta factores como la gravedad, el número de víctimas, la frecuencia y duración de los enfrentamientos, el armamento y su capacidad bélica, y la necesidad de acudir al apoyo de la fuerza militar y no reducir la respuesta a la acción policial.

En Colombia hacen presencia todos los criterios de calificación del conflicto no internacional. Los hechos por sí serían más elocuentes que las palabras. Pero si faltara, Christoph Harnisch, jefe de la delegación del CICR en Colombia, afirmó que el Estado puede usar cualquiera denominación, pero lo que es determinante no es el lenguaje, sino lo que objetivamente reflejan aquellos; y agregó: “La realidad del terreno nos enseña que lo que hemos visto en los últimos años en Colombia es la existencia de conflictos armados no internacionales. ¿Cómo llegamos a esa conclusión? (…) Hicimos un trabajo de manera juiciosa, con monitoreos en terreno y a través del diálogo con los actores armados, haciendo el análisis de quiénes son, cuál es la intensidad de sus ataques, cuál la organización de las estructuras de estos grupos”.53

No tiene incidencia alguna la calificación que usen los gobiernos porque son los hechos los determinantes. Agrega el mismo Harnisch: “Como se señala en el artículo 3 común a los Convenios de Ginebra, el mero hecho de que un grupo en armas sea parte en un conflicto armado así se lo denomine ‘grupo criminal’, ‘grupo de combatientes por la libertad’, ‘terroristas’ o de otro modo-, no le confiere un estatuto particular en el marco del DIH.”

Ahora bien, establecidos los estándares de hecho, es preciso proceder a estudiar la fuente jurídica. En 1996 entró en vigor en Colombia el Protocolo Adicional II a los Convenios de Ginebra, los cuales son la base del Derecho Internacional Humanitario, DIH, que regula la guerra y bajo el cual actúan las fuerzas militares en Colombia. En el caso de la existencia de un Conflicto Armado No Internacional se aplica el Derecho Internacional Humanitario. Por su parte, en situaciones que no alcancen el umbral de un conflicto, como, por ejemplo, disturbios, situaciones de tensión o actos de violencia aislados, se aplica la legislación ordinaria.

Como lo define el Manual Operacional de las Fuerzas Militares: “Cuando se está ante un conflicto armado interno (…) entran a aplicarse las disposiciones del DIH”. Si no existe un conflicto, las reglas aplicables son las que configuran el Derecho de los Derechos Humanos y las demás regulaciones normativas de derecho interno. De tal manera que es la existencia del conflicto la que permite señalar objetivos militares y regular el uso de la fuerza letal dentro de los límites humanitarios de rigor.

Sin conflicto, las acciones militares tales como bombardeos y ataques, serían ilegales y generarían serias responsabilidades para los soldados y oficiales. Ello es así porque la actuación normal frente a delincuentes ordinarios, debe ir precedida de procedimientos más rigurosos: Apercibimiento del delincuente, anuncio de la actuación de la fuerza pública destinado en principio a lograr su captura, y sobre todo, uso de armas de fuego solo “cuando resulten insuficientes las medidas menos extremas”. 54

En documento del Comando General se lee: “En un marco de Derechos Humanos, solo cuando sea estrictamente necesario y en circunstancias claramente definidas puede hacerse uso de la fuerza; en ningún caso en forma premeditada, sin tener en cuenta el comportamiento de la persona -por ejemplo, si en el momento en que va a ser capturada hace uso de un arma de fuego-. No así en el marco del DIH (…) En el primero, se trata de una relación entre un Estado y sus ciudadanos; en el segundo, entre partes que combaten en un contexto de hostilidades”.

Por su parte, la negación del conflicto dificulta la consecución de un Acuerdo de Fin del Conflicto porque en lo político, en vez de abrir espacios al diálogo, tiende a cerrarlos, crea obstáculos en la apelación a las normas internacionales, le quita sustento a esquemas de justicia transicional y sanciones reparadoras, oscurece el enfoque de género y activa los sectores de opinión que utilizan el lenguaje de la estigmatización, y pasan por alto la opción reconciliadora. La negación del conflicto, por fin, contribuye a crear un síndrome de miopía selectiva que limita los esfuerzos de la justicia a solo algunos de los responsables estorbando las acciones reparadoras, los esfuerzos por la verdad y las garantías de no repetición.

Ahora bien, la aplicación del DIH no afecta la soberanía del Estado ni su capacidad para suprimir una rebelión mediante la fuerza armada. No le concede al grupo el carácter de “fuerza beligerante” ni impide que los rebeldes sean juzgados a la luz de las l ey interna. El único objetivo del DIH es minimizar los sufrimientos durante los conflictos armados. Sus normas reglamentan sólo la forma en que se libran los enfrentamientos, no su causa. Con respecto a los conflictos armados internos en particular, el DIH impone obligaciones a cada parte sin tener en cuenta la legitimidad de quienes participan en las hostilidades, aspecto que es regido por otros ordenamientos jurídicos.


53 El Espectador. “En Colombia sí hay un conflicto armado no internacional”: CICR. 10 Feb 2019. Gloria Castrillón / @glocastri
54 Manual Operacional de las FFMM.