El sabor de las naranjas o la preocupación de que resulten agrias

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El debate sobre la economía naranja

El debate sobre la economía naranja apenas comienza. Una primera preocupación subraya que gran parte de las políticas se centran en la economía a través de créditos, incentivos tributarios, capacitación administrativa, promoción de competencias emprendedoras, mercadeo, fomento y coordinación intersectorial, que se estiman como necesarias siempre que sean equitativas, pero con menos fuerza en la dimensión social y cultural de las industrias creativas, que se relacionan con la participación y cohesión social, la inclusión, el fortalecimiento de las identidades, la interculturalidad y diversidad cultural, la educación y la vinculación con proyectos de autonomía de poblaciones vulnerables, pueblos indígenas y afrocolombianos. La sensación es que se deben trasladar las políticas de la economía naranja de lo meramente económico hacia un enfoque de desarrollo humano.

Con menos fuerza en la dimensión social y cultural“ de las industrias creativas, que se relacionan con la participación y cohesión social, la inclusión, el fortalecimiento de las identidades, la interculturalidad y diversidad cultural, la educación y la vinculación con proyectos de autonomía de poblaciones vulnerables, pueblos indígenas y afrocolombianos.”

Una segunda preocupación es la concentración de las industrias creativas en unas pocas ciudades del país, especialmente en Bogotá. Entre el 2010 y el 2016 la participación promedio del campo cultural de Bogotá frente al campo cultural del país fue del 55,6%. La política debe buscar la participación de las regiones y de lo local. Y en esta relación truncada hay varias paradojas: la existencia de una tendencia a la estandarización de las industrias creativas locales, regionales y nacionales en el contexto global, y la constatación, paradójica e interesante, de que la gran mayoría de las manifestaciones de las industrias culturales y creativas están vinculadas con la diversidad, la creatividad popular y las manifestaciones expresivas que no siempre circulan por los propósitos comerciales. Con relativa frecuencia existen desencuentros entre los orígenes de la creación, sus relaciones con las comunidades y el desarrollo de las industrias creativas. Colombia ubicó con éxito su producción melodramática en contextos internacionales precisamente por la conexión de lo audiovisual con lo regional y el humor popular, mostrando otros acercamientos a un género cuyos límites parecían inamovibles y que atrajeron a las audiencias y la atención comercial. Pero perdió parte de su protagonismo industrial cuando estandarizó la producción y adelgazó sus características identitarias, lo que significó torcerle el pescuezo a la “gallina de los huevos de oro”. Hoy la pantalla nacional está inundada de telenovelas turcas y hasta coreanas mientras que la producción nacional ha perdido calidad, audiencia y dinero. El éxito musical del reggaetón en los escenarios internacionales está muy ligado al proyecto social y cultural que se ha gestado en ciudades como Medellín; la importancia de Rock al Parque en Bogotá en el desarrollo de bandas de música en las localidades y al diálogo con grupos y músicas de otros países, y a su apropiación imaginativa por parte de los jóvenes habitantes de la ciudad. El suceso de realizaciones cinematográficas colombianas en festivales de prestigio como Cannes u otros, se debe a la tradición que ha ido construyendo la industria, así como al estímulo de entidades como Proimágenes y a las leyes y políticas construidas a través de los años por los creadores y la institucionalidad cultural.

En tercer lugar, las industrias creativas y culturales no pueden ni reemplazar ni desplazar a otras dimensiones de la cultura que no pasan estrictamente por procesos económicos. En este sentido es necesaria una articulación más estrecha entre la economía creativa y otras áreas de la vida cultural como el patrimonio, las fiestas, las artes o los derechos culturales. Es decir, hay vida cultural más allá de las industrias creativas. Pero también se debe recordar que éstas son patrimoniales, forman parte y participan de la construcción de la memoria cultural de la sociedad y que promover las industrias creativas es entonces promover la conservación y proyección de la memoria de una sociedad. Por ello, además de todas las industrias culturales se deben impulsar también los espacios de producción creativa sin interés comercial, que requieren de otras comprensiones, contextos y políticas. Un ejemplo es el recién inaugurado Museo itinerante de la memoria de Montes de María que une tecnologías con oralidades, silencio con expresiones culturales territoriales, historias de violencias con reconsideración de lo museográfico.

Porque no todo es susceptible de ser formalizado dentro de la cultura. Ni todo lo cultural tiene el interés, la vocación o las posibilidades de convertirse en industrial, ni existe en la perspectiva de la comercialización y la pervivencia en el entorno de los mercados.

La coherencia impide lo agrio

En cuarto lugar, es absolutamente necesaria la armonización de las industrias culturales con otras iniciativas del gobierno, para que no existan contradicciones. La reglamentación y aplicación de la nueva ley de TICs debe alinearse con el proyecto de economía naranja, especialmente en todo lo que tiene que ver con democratización, inclusión y pluralismo.

En quinto lugar, no se debe confundir un Consejo del alto gobierno con un Consejo en que quepa el país y sobre todo los actores de las industrias creativas. El Consejo de la Economía Naranja debe ser más incluyente y diverso.

En sexto lugar, la política de la economía naranja debe estar muy atenta a generar condiciones óptimas para el ejercicio de una plena libertad de creación y la posibilidad de expresión de la diversidad de los contenidos, incluyendo por supuesto, aquellos que se oponen, contradicen o se alejan de las ideas del propio Gobierno.

Finalmente, los ciudadanos y ciudadanas no son simplemente los que reciben a borbotones productos de las industrias culturales. Desde hace años, cuando aparecieron en el horizonte los derechos culturales, la cultura se transformó en uno de los ámbitos en los que se crea, fortalece y desarrolla la ciudadanía.

Un refrán popular, de esos que nunca pertenecerán a las industrias creativas dice: “No se ha de estrujar tanto la naranja, que amargue el zumo”. Una excelente enseñanza para no perder de vista.

DOS DIMENSIONES NECESARIAS EN EL ENFOQUE SOBRE LAS INDUSTRIAS CREATIVAS: LA EDUCACIÓN, Y LA CREACIÓN, LA FIESTA Y LOS GUSTOS POPULARES164

1.

Las relaciones entre industrias creativas y educación

Estas relaciones han sido paradójicas, de aceptación y rechazo. La escuela recibe estudiantes que desde sus primeros grados ya están inmersos en la ecología de las industrias culturales. Es decir, tienen una enciclopedia cultural en desarrollo que está poblada de imágenes, sonidos y textos que provienen del cine, la televisión, la música o el diseño. Basta explorar las estadísticas del consumo cultural para observar el protagonismo de niños, niñas y jóvenes en el contexto de lo audiovisual, los videojuegos, la fotografía a través de telefonía o internet. Durante años se han formado en los rasgos de una cultura en que los lenguajes convergen, los soportes son diversos y los contenidos son globales. Y es a través de estos rasgos y de otros interiorizados a partir de las relaciones familiares, el entorno social y los grupos de pares, como se van generando comprensiones y perspectivas de aproximación a la escuela y lo que ella ofrece en materia de conocimiento, relaciones y valores. Algunos maestros se ven amenazados por estas competencias previas que aparentemente compiten con las prácticas educativas y los recorridos pedagógicos de la escuela.

El desarrollo educativo se moviliza a un ritmo que no siempre es simultáneo con el del mundo de la cultura, particularmente de aquella que transita por los espacios de lo masivo y mundializado. Mientras que la innovación de la escuela es relativamente lenta, garantizando así una estructura de enseñanza-aprendizaje estable, la de las industrias culturales es mucho más rápida, puesto que no está determinada ni por la reproducción del conocimiento ni por la permanencia de la tradición.

Pero el problema está en que la cultura que transita por las industrias está presentando, a través de sus contenidos como de sus narrativas, un horizonte comprensivo que en ocasiones colisiona con el ofrecido por la educación. Hay un efecto de adelantamiento en los productos culturales que están insertos en su propio funcionamiento y que se caracteriza por ser globales, digitales, trans-mediáticos, interactivos, reticulares, convergentes, desterritorializados, auto-programables, de afiliaciones identitarias, con múltiples temporalidades y canales de acceso y móviles.

Cuando se comparan estas características con las que tiene la escuela, que se mueve en medio de sus dificultades y también de sus grandes posibilidades, se pueden observar de manera más precisa las colisiones, los desfases pero también las complementariedades. El tiempo de la escuela es pautado, hace énfasis en lo discursivo, la palabra y lo escritural, maneja una espacialidad fija, una programación estricta y posee canales de acceso al conocimiento concentrados en el profesor, el contexto y los dispositivos didácticos. El valor educativo reposa en el desarrollo del pensamiento crítico, la apertura de la conciencia y la imaginación a un universo simbólico muy rico y el papel de una tradición que no solo está en la suma de conocimientos sino también en la formación humana y social más integral. La interacción en la escuela no es esporádica sino constante y como escribe Jerome Bruner, enfatiza en los procesos de negociación y recreación cultural.

2.

Vitalidad de la creación, fiesta y gustos populares: otros mundos de la cultura

Hay un hervidero de la creación, aunque niveles aún bajos de formalización de los procesos de producción y comercialización. Las redes, los portales y en general la espacialidad de la web está empezando a facilitar la circulación de los productos culturales.

El análisis de los datos de la encuesta satélite de cultura para Bogotá ofrece conclusiones interesantes.165 Siete de cada diez empresas culturales de la ciudad, es decir el 66,6% iniciaron su funcionamiento en la última década; las de mayor antigüedad se encuentran en el sector de los libros y las publicaciones (48,9% tiene más de 10 años) y las siguen las ESAL (44,9%) y las de artes escénicas (38,4%). Los trabajos de tiempo completo del sector cultural fueron 102.280. Las actividades con mayores ingresos propios fueron el audiovisual y la radio (71,4%), música (68%), libros (58,2%), artes escénicas (55,1%) y artes visuales (41,1%).

La participación promedio del campo cultural de Bogotá frente al total de la ciudad entre el 2010 y el 2016 fue del 2,3% y la participación promedio del campo cultural de Bogotá frente al campo cultural nacional entre el 2010 y el 2016 fue de 55,6% lo que demuestra el predominio de la ciudad y el nivel de concentración de las industrias creativas en la capital.

La oferta laboral de la ciudad también es destacada. La música y las artes visuales tuvieron un 11%, las artes escénicas un 28%, el diseño publicitario 21%, los libros, publicaciones y juguetes 8% y la educación cultural y el patrimonio material 31%, lo que muestra el liderazgo e importancia de la educación en el sector. El 57% de las empresas del sector de videojuegos está en Bogotá, el 23% en Medellín, el 12% en Cali y el 4% en Bucaramanga y el eje cafetero. Según una encuesta de Google Colombia, la mayor parte de las personas juegan con sus dispositivos móviles, luego en consola y finalmente en tableta. El mercado global de videojuegos en América Latina en 2017 fue de 4.400 millones de dólares. Los juegos de rol seguidos por los dispositivos de lucha y los videojuegos de acción-aventura son los géneros más apetecidos en el mercado mundial en computadores. En móviles son los de estrategia y simulación y los de acción-aventura. En consolas los de disparos y lucha, los de acción-aventura y los juegos de rol.

Hay una economía de la cultura que también pasa por circuitos populares, tiene algún grado de formalización, genera empleo relativamente precario y sintoniza con los gustos populares. Hay niveles de informalización que se manifiestan sobre todo en la piratería y que demuestran intereses por ciertos productos culturales como también géneros específicos, y que se manifiesta sobre todo en el cine, la música y los impresos. Lo intangible actúa como marco de referencia de la producción y sobre todo el consumo de los productos culturales formales (creencias, visiones de mundo, gusto). Lo intangible (por ejemplo, cocina) tiene unos mercados muy amplios que van desde el restaurante especializado hasta los mercados y restaurantes populares. La idea de “mercado o plaza de mercado” tiene una gran tradición en América Latina como lugar de encuentro, de corte de la rutina por la excepcionalidad, de expresión de la diversidad, de intercambio económico y simbólico, de articulación con lo festivo, lo lúdico y de expresión de la civilidad local.

Hay una presencia de una economía cultural de la nostalgia muy activa en los migrantes y unos movimientos de re-simbolización cultural desde los flujos de lo intangible (diseño a partir de lo étnico, popular, campesino, urbano-popular) así como una importancia económica de la fiesta, los palenques, los tianguis y en general las celebraciones populares.

Lo intangible en lo económico es fundamental en una política de la memoria y el reconocimiento como también de economía cultural y creativa. La lengua y concretamente el español ha empezado a ser objeto de estudios y consideraciones por su participación en esa economía.


163 Fragmento del ensayo del mismo título publicado en la Revista Arcadia, N. 161, 26 de marzo al 16 de abril de 2019, págs. 16 y 17.
164 Fragmento tomado de: Germán Rey, “Industrias creativas y educación. La escuela en medio de las transformaciones culturales. Ensayo en preparación.
165 Este análisis es posible gracias al trabajo que se ha realizado para la Caracterización de las industrias y empresas culturales en Bogotá, por parte de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte y la Cámara de Comercio (2018).